En las grandes ciudades, la salud y el bienestar dependen
especialmente de la calidad del aire. Además, las
concentraciones urbanas no alteran sólo el aire de su
territorio, sino que también producen efectos a una
escala más global, incluso a escala planetaria. La calidad de vida quiere decir,
entre otras cosas, calidad del aire que respiramos y un nivel de ruido
aceptable. Para garantizar esta calidad, Barcelona tiene
un sistema de vigilancia del medio atmosférico que
permite la vigilancia y previsión de la contaminación
atmosférica y el control de la contaminación
acústica.
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